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domingo, 23 de septiembre de 2007

¿Sindrome postvacacional?

Esperabamos llegar de vacaciones y estar como nuevos....Pero algo nos dice que todo no va bien. Algo notamos que nos hace no estar agusto. Nos sentimos mal en el trabajo y, por ende, en todos los lugares y situaciones donde estamos. No sabemos lo que nos pasa pero es así.

Lo habitual que nos courra es padecer a la vuelta de vacaciones unos síntomas de debilidad generalizada y astenia. Puede haber problemas de insomnio que conviven con una somnolencia importante a lo largo del día. La capacidad de concentración se ve limitada así como la tolerancia al trabajo: cada vez nos cuesta mas ir a nuestro lugar de trabajo y nos cuesta mantener la atención en él, con una sensación de desidia y hastío. En otras ocasiones puede aparecer una sensación de angustia vital que puede llevar a un bloqueo en el cual la persona que lo presenta es incapaz de tomar cualquier decisión. Puede haber un cambio de carácter con cierta agresividad, sin embargo, se establece habitualmente y de forma progresiva una sintomatología más propia de un cuadro depresivo. Por todo ello, se afectan diversos aspectos del estilo de vida. El trabajo, como se ha comentado antes, resulta difícil de realizar. La concentración así como la capacidad de tomar decisiones está deteriorada. Puede ser imposible ordenar la agenda y poner en marcha todas las gestiones o encargos propuestos. Por ello, puede iniciarse un verdadero círculo vicioso en el cual el trabajo se va acumulando con lo cual se une al nuevo trabajo por realizar, aumentado por el retraso de toda la labor acumulada a lo largo del periodo vacacional, lo que provoca una mayor insatisfacción. Es un círculo vicioso, la persona se ve en un callejón sin salida. Las relaciones con los demás pueden deteriorarse. Los más cercanos en el trabajo y en el hogar pueden sufrir las consecuencias. Un carácter agriado incluso violento puede introducir tensiones en nuestras relaciones con los demás. Esto puede llegar a producir la ruptura sobretodo si por parte de la otra persona no tiene una conciencia real de lo que está ocurriendo. Esta crisis puede afectar no solo a las relaciones emocionales sino también a las laborales. A nivel personal se tiene conciencia de que algo no funciona.

Los síntomas:

  • Fatiga

  • Cansancio

  • Insomnio

  • Falta de apetito

  • Sentimiento de tristeza

  • Dificultad para concentrarse

  • Irritabilidad

  • Sudoración

  • Náuseas

  • Problemas estomacales
Las fases pueden ser la siguientes:


1.- Predominio de una sensación de desconcierto ante algo que ha surgido casi por sorpresa y que no se manifiesta con una sintomatología concreta que nos permita identificar el origen del problema.


2º Se intenta seguir adelante a pesar de que cualquier propósito de superar el “bache” parece acabar en fracaso. Esta sensación de no levantar cabeza y de asistir atónito a un desmoronamiento de nuestra forma de vida puede llevar a la persona que padece este problema a una inquietud e inseguridad. Este síndrome postvacacional se puede desarrollar con una intensidad muy variable y de diferentes formas, en algunos casos esta variabilidad puede hacer muy difícil su detección.


3º Esta falta de diagnóstico puede llevar a manifestar una incomprensión hacia estas personas que pueden agravar el cuadro.


4º Posible baja laboral y cuadro depresivo/ansiedad


5º Solicitud de ayuda ante la confusión generalizada a las personas más cercanas.


¿Qué predispone al Síndrome Postvacacional?

Existen algunas situaciones o estados que predisponen a padecer este síndrome:



  • Vacaciones largas, agotadores o durante las que no se descansa adecuadamente.


  • Adaptación insuficiente al ámbito laboral, presente incluso antes de las vacaciones.


  • Falta de motivación laboral.


  • El reloj interno

Toda la actividad vital que desarrollamos (nuestro estilo de vida) se desenvuelve en función de una serie de rutinas y de organización de unas formas de vida que nos hace sentirnos felices. Este estilo de vida está de acuerdo con una especie de reloj interno que marca el estado en que el organismo se encuentra, los llamados biorritmos. Además, se necesitan una serie de motivaciones que impulsen a seguir adelante a lo largo de la vida. Estas motivaciones actúan muchas veces como verdaderos parachoques que permiten superar muchas dificultades. La presencia actual de esas motivaciones otorga una especial resistencia frente a la adversidad. Un fallo en ese biorritmo habitual así como una ausencia de dichas motivaciones en el contexto de una vuelta a la vida ordinaria tras un periodo vacacional puede producir la aparición de este síndrome. Durante las vacaciones es de todos conocido que ese ritmo de vida sufre un cambio significativo. Desaparece el ritmo de trabajo mientras que los periodos de descanso se prolongan a lo largo del día. El descanso al mediodía adquiere una mayor importancia favorecida muchas veces por una actividad nocturna intensa. La hora de acostarse se retrasa con lo cual lo mismo ocurre con la de levantarse. Esto unido a una ausencia casi completa de rutina con un desorden total de nuestros hábitos incluidos las comidas da lugar a que nuestro biorritmo se vea profundamente afectado, si es que llega a existir. La vuelta a la vida ordinaria puede suponer un cambio brusco para el organismo. Se restituye la rutina a la cual teníamos acostumbrado nuestro cuerpo, sin embargo, en el momento de nuestra incorporación a esa rutina nos falla lo fundamental. Si no se produce ese acoplamiento rápidamente a este nuevo ritmo de vida se produce una falta de coordinación entre los que la rutina nos exige y lo que podemos ofrecer. Por otro lado, la ausencia de motivaciones o la focalización excesiva de éstas alrededor del periodo estival da lugar a que una vez acabadas las vacaciones, desaparece cualquier motivación que nos anime a seguir adelante, sobretodo cuando contemplamos con pavor como hasta el siguiente periodo vacacional tiene que transcurrir todo un año. La concurrencia de ambos fenómenos puede dar lugar a la aparición de éste síndrome postvacacional.


RECOMENDACIONES PARA SUPERARLO
A continuación relatamos algunas recomendaciones necesarias para las personas que padecen o pueden padecerlo:

  • Aclimatarse de forma pausada y ordenada: Intente no volver al trabajo al día siguiente de llegar de vacaciones. Un pequeño período de adaptación (dos o tres días) para reencontrarse con el barrio, el horario o el tiempo, suele ser el primer paso para evitar el síndrome.

  • Integrarse lo antes posible: La vuelta al trabajo debe suponer retomar las relaciones tal y como estaban antes de partir e incluso mejorarlas, si es posible. Por tanto, desde el primer día de trabajo es conveniente fomentar las relaciones con los compañeros de trabajo. Por supuesto, para hablar con los compañeros es mejor usar el tradicional cara a cara y no recurrir a fax, teléfono o Internet que nos aislarán del resto de la oficina.

  • Organizar una dieta equilibrada: Beba mucha agua y evite las comidas pesadas o basura. Reduzca el café, el tabaco y el alcohol, así como el sistema de comidas que llevaba durante el tiempo de ocio.
  • Ha de adaptarse progresivamente a la rutina de trabajo. Organizar la agenda, la mesa, los papeles, los viajes...
  • Concéntrarse en los aspectos positivos: No piense sólo en lo bien que lo ha pasado en vacaciones o el mal tiempo que hace a su vuelta. Seguro que su trabajo tiene aspectos positivos; concéntrese en ellos y disfrútelos.

  • Usar técnicas de relajación: Puede que practicar disciplinas como el Yoga o la meditación, darse un buen masaje shiatsu, que le ayuden a superar el trauma de la vuelta al trabajo. Además, si posteriormente continua practicándolas mejorará su calidad de vida durante todo el año.

  • Consultar a su empresa: Cada vez más empresas ponen a disposición de sus empleados ayuda profesional para superar este síndrome. Tenga en cuenta que lo que a la empresa le interesa es que sus trabajadores rindan lo mejor posible. Un empleado desmotivado le cuesta más que contratar una pequeña ayuda terapéutica.


  • Si a pesar de todos estos consejos no consigue superar el síndrome postvacacional, el problema es otro. Si siente aversión a su trabajo, realmente puede que sufra otro síndrome: el del burn out o síndrome del quemado con el trabajo; es decir, ya odiaba su trabajo antes de irse de vacaciones y este período ha sido un respiro. El problema, por tanto, puede que no esté en las vacaciones, sino en el propio trabajo. Ya plantearemos en otro articulo el tema ¿He de cambiar de trabajo?


  • En esos casos, y cuando el síndrome postvacacional nos supera hay que pedir apoyo profesional, un psicólogo/a nos puede ayudar a vivir mejor.

1 comentario:

Carolina Andrea dijo...

Excelente Blog!!
Sabes soy estudiante, y buscando información di con tu blog, quería felicitarte y de paso pedirte tu nombre para poder citarte como corresponde en mi trabajo académico, si no te molesta, claro.
Mi nombre es Carolina Romero y mi mail es:
miel.de.quintral@gmail.com
Si pudieras escribirme para saber tus datos y citarte, te lo agradecería mucho.
Atentamente,
Carola