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sábado, 2 de agosto de 2025

 

 

Guía Práctica para Reconectar con hij@s Adultos distanciados

Introducción: Rompiendo el Silencio: Un Camino Hacia la Reconciliación Familiar

La pérdida de contacto con un hijo o hija adulto es una de las experiencias más dolorosas y complejas que una familia puede enfrentar. A menudo, esta situación se vive en silencio, cargada de vergüenza y humillación, lo que lleva a muchos a sentirse solos en su sufrimiento.1 Sin embargo, es fundamental comprender que el distanciamiento familiar es una experiencia sorprendentemente común, afectando a una de cada cuatro personas, lo que sugiere que no es un fallo personal aislado, sino una dinámica que muchas familias atraviesan.

A pesar del profundo dolor y la dificultad que implica, es crucial mantener la esperanza: la sanación y la reconexión son genuinamente posibles. Este camino, aunque desafiante, puede conducir a una comprensión más profunda y a la construcción de vínculos familiares renovados y más saludables. Esta guía ha sido diseñada para ofrecer pasos claros, sencillos y prácticos, enfocándose en estrategias aplicables en la vida real para navegar este delicado proceso hacia la reconciliación.

1. Entendiendo el Distanciamiento: Más Allá de la Ausencia

El distanciamiento familiar es un fenómeno mucho más complejo de lo que a menudo se percibe. No se trata simplemente de una ausencia total de contacto físico, sino que existe en un amplio y matizado espectro.3 En muchos casos, la distancia emocional puede ser incluso más significativa que la separación física, lo que significa que, aunque pueda haber algún contacto ocasional, la conexión profunda y el apoyo emocional están ausentes. Esta situación puede manifestarse como una decisión formal de "no contactar más" o, más comúnmente, como un proceso silencioso y gradual donde una de las partes deja de buscar a la otra, y la otra puede incluso no notar la intención detrás de ese alejamiento.

Las razones que llevan a este tipo de distanciamiento son variadas y a menudo multifacéticas, proporcionando un contexto esencial para cualquier intento de reconexión. Entre las causas más comunes se encuentran:

  • Heridas y Patrones Disfuncionales del Pasado: Experiencias como el abuso (emocional, físico o sexual), la negligencia, la traición, la intimidación, la falta de apoyo o comportamientos destructivos pueden dejar cicatrices emocionales profundas y duraderas en los hijos, impactando su bienestar en la edad adulta.

  • Divergencia de Valores y Elecciones de Vida: Desacuerdos fundamentales sobre decisiones vitales, como la orientación sexual, la elección de pareja, la identidad de género, la religión o las opiniones políticas, pueden ser motores significativos de la distancia.

  • Expectativas No Cumplidas y Conflictos No Resueltos: Las expectativas desiguales dentro de la familia o los agravios de larga data que nunca fueron abordados o reparados contribuyen significativamente a la tensión y, eventualmente, a la separación.

  • Sobreprotección y Control Excesivo: La intromisión o los intentos de los padres de controlar las decisiones de un hijo adulto pueden llevar a que este busque su independencia a través del distanciamiento.

Es importante reconocer que la mayoría de los distanciamientos no son eventos explosivos y repentinos, sino procesos lentos y silenciosos que se desarrollan con el tiempo.Esta comprensión es fundamental, ya que implica que el camino hacia la reconciliación también será gradual y requerirá un esfuerzo sostenido y paciente.

La comprensión de que el distanciamiento familiar, aunque doloroso, puede ser una medida de autoprotección para el hijo adulto es un aspecto crucial. Cuando se examinan las razones subyacentes del distanciamiento, como el abuso, la negligencia o los patrones destructivos , se evidencia que estas situaciones generan un profundo impacto emocional y psicológico. En este contexto, el alejamiento no es necesariamente un acto de rechazo malintencionado, sino que a menudo surge de una necesidad profunda de protección, sanación o preservación de la propia identidad.Si la dinámica familiar original era perjudicial, distanciarse se convierte en un mecanismo de supervivencia necesario para el hijo adulto, permitiéndole establecer límites y comenzar un proceso de curación. Esta perspectiva implica que, al buscar la reconexión, los padres deben abordar la situación con empatía y humildad, reconociendo que la distancia pudo haber sido una respuesta legítima a un dolor o una disfunción, en lugar de interpretarla únicamente como una afrenta personal. Este enfoque facilita un terreno más fértil para el diálogo y la sanación mutua.

2. El Primer Paso: Iniciando el Acercamiento con Humildad y Conciencia

Iniciar el proceso de reconexión después de un largo período de distanciamiento es un acto de gran valentía y un paso fundamental. Para los padres que desean sanar la relación, es crucial tomar la iniciativa y hacerlo con una actitud de profunda humildad, dejando a un lado el ego y el orgullo.El objetivo principal debe ser la reconciliación y la restauración del vínculo, no determinar quién tuvo la razón o quién fue el culpable. Esta disposición a comprender la perspectiva del hijo adulto, incluso si difiere dolorosamente de la propia, es esencial.

Para el primer contacto, se recomiendan métodos de baja presión y no intrusivos que respeten el espacio y los posibles límites del hijo adulto:

  • La Carta o Mensaje Breve: Una carta escrita a mano, reflexiva y sincera, o un mensaje de voz corto y sin exigencias, puede ser muy efectivo, especialmente si las llamadas directas han sido bloqueadas. Este formato permite al hijo adulto procesar el mensaje a su propio ritmo, sin la presión de una respuesta inmediata.

  • Diversidad de Canales: Considere utilizar diferentes canales de comunicación, como mensajes de texto o correos electrónicos, si sabe que son medios preferidos o más accesibles para su hijo. Esto demuestra consideración por sus preferencias y límites actuales.

  • Privacidad y Respeto: Si el mensaje pudiera abordar temas sensibles, asegúrese de que el canal de comunicación elegido permita la privacidad y la comodidad del receptor.

El contenido del primer mensaje es vital. Debe expresar apoyo y cariño genuinos, haciendo saber al hijo que está allí para él. Crucialmente, es un momento para reconocer su propia contribución al problema y ofrecer una disculpa sincera, sin excusas ni demandas. Este acto de humildad es a menudo un paso necesario para sanar viejas heridas y comenzar a reconstruir la confianza. Declare su deseo de reconectar, pero siempre respetando el ritmo y la decisión del hijo, evitando cualquier lenguaje que pueda percibirse como una imposición. El mensaje debe enfocarse en sus propios sentimientos y esperanzas para la relación, en lugar de culpar, interrogar o exigir explicaciones.

Una estrategia poderosa para iniciar este proceso, una vez que se ha establecido una mínima apertura, es proponer una "auditoría de relación". Esto implica tener una conversación honesta y abierta sobre cómo cada uno percibe la relación. Para el padre, esto significa estar dispuesto a escuchar las percepciones del hijo, incluso si son dolorosas o difieren de las propias. Esta disposición a escuchar y a pedir retroalimentación sobre la relación es una señal contundente de humildad y de voluntad de cambio. Al preguntar "¿Cómo te parece nuestra relación?" o "¿Qué es lo que menos te gusta de nuestra relación?" , el padre demuestra que está dispuesto a discutir temas difíciles y a tomar responsabilidad. Esta acción, en sí misma, puede ser un catalizador para que el hijo adulto se sienta seguro de reengancharse, ya que aborda la posible sensación de no haber sido escuchado o apoyado en el pasado. Es un paso que transforma la dinámica, pasando de una jerarquía parental a un diálogo de adulto a adulto, crucial para la reconexión duradera.


 

















3. Pilares de la Reconexión: Comunicación, Empatía y Límites Saludables

Una vez que se ha logrado un primer contacto y se ha abierto una vía de comunicación, el siguiente paso crucial es construir sobre pilares sólidos que permitan una reconexión profunda y duradera. Estos pilares se centran en la calidad de la interacción, el respeto mutuo y la comprensión.

  • Escucha Activa: Este es un pilar fundamental para cualquier relación saludable. Implica estar plenamente presente durante las conversaciones, mostrando un interés genuino en lo que la otra persona dice y en sus emociones, sin interrumpir, juzgar o formular una respuesta prematura.Una técnica útil es repetir lo que se ha escuchado para asegurarse de haber comprendido correctamente. Esta práctica valida la experiencia del hijo adulto, haciéndole sentir valorado, comprendido y amado, lo cual es esencial para reconstruir la confianza.

  • Comunicación Abierta y Honesta (con "Mensajes Yo"): Fomente un espacio seguro donde ambas partes se sientan cómodas expresando sus pensamientos, sentimientos y necesidades sin temor al juicio.Es crucial utilizar "mensajes Yo" (por ejemplo, "Yo siento tristeza cuando...", en lugar de "Tú me haces sentir..."). Este enfoque evita la culpa y el ataque, promoviendo un diálogo más constructivo y transparente.La sinceridad es vital, pero también lo es la prudencia; no es necesario ser excesivamente explícito sobre detalles del pasado que puedan ser una carga para el hijo. En su lugar, concéntrese en mostrar interés genuino por su mundo actual y evitar los interrogatorios que pueden sentirse intrusivos.

  • Empatía Genuina: La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, comprender sus emociones y perspectivas, y responder con sensibilidad y compasión.Validar los sentimientos del hijo adulto, reconociendo su realidad sin juzgarla ni minimizarla, es fundamental. La empatía no significa estar de acuerdo con sus acciones o decisiones, sino comprender el "porqué" detrás de ellas. Preguntar con curiosidad y ofrecer apoyo incondicional fortalece la conexión emocional.

  • Establecimiento de Límites Claros y Respetuosos: Definir límites saludables es esencial para prevenir tensiones y fomentar el respeto mutuo. Esto implica comunicar claramente qué comportamientos son aceptables y cuáles no, y respetar la autonomía y el espacio personal del hijo adulto. Es importante recordar que decir "no" o expresar desacuerdo de manera asertiva es una parte saludable de cualquier relación, incluso en el proceso de reconciliación.

  • Tiempo de Calidad sin Distracciones: Dedicar momentos específicos para interactuar con atención plena, libres de la interferencia de teléfonos, tabletas o la televisión, es crucial.Estos momentos enfocados, por cortos que sean, fortalecen los lazos afectivos y permiten conversaciones más significativas, creando recuerdos positivos que nutren la relación.

El proceso de reconexión requiere una redefinición fundamental de la relación, pasando de un modelo de control parental a uno de respeto mutuo entre adultos. Las razones del distanciamiento a menudo incluyen la sobreprotección, la imposición de consejos y la falta de aceptación de las diferencias por parte de los padres. El deseo de controlar o "arreglar" la vida del hijo adulto es una barrera significativa. Por lo tanto, el éxito de la reconciliación depende de la capacidad del padre para "soltar el control" y fomentar la independencia del hijo.Esto implica aceptar que el hijo tiene su propio camino, incluso si difiere de las expectativas parentales. Las herramientas de comunicación como la escucha activa, la empatía y los "mensajes Yo" son los mecanismos a través de los cuales se produce este cambio, facilitando un diálogo de adulto a adulto donde ambas perspectivas son valoradas por igual, redefiniendo la relación de "mi hijo" a "este individuo adulto al que amo".

 
 

4.  Errores Comunes a Evitar

El camino hacia la reconexión está lleno de desafíos, y es fácil caer en patrones de comportamiento que, aunque a veces bien intencionados, pueden sabotear los esfuerzos de reconciliación. Reconocer y evitar estos errores comunes es tan importante como aplicar las estrategias positivas.

  • Forzar la Reconciliación o la Proximidad: Un error frecuente y perjudicial es presionar al hijo adulto para que se reconcilie o para que establezca una cercanía inmediata cuando no está listo. La reconciliación debe ser un proceso mutuo, voluntario y seguro para ambas partes.Intentar forzarla solo generará más resistencia y puede llevar a un mayor distanciamiento.

  • Criticar, Juzgar o Descalificar: Evite hablar negativamente de otros familiares (especialmente del otro progenitor, si aplica), criticar las decisiones de vida de su hijo/a, sus logros o sus esfuerzos. Este tipo de acciones erosiona la confianza, perpetúa el resentimiento y puede confirmar las percepciones negativas que el hijo/a ya pueda tener.

  • Sobre-involucrarse o Imponer Consejos: Respetar la independencia y autonomía de su hijo/a adulto es fundamental. Absténgase de dar consejos no solicitados, intentar "arreglarles la vida" o entrometerse en sus decisiones. Ofrezca apoyo solo cuando se lo pidan explícitamente y hágalo sin imponer su voluntad.

  • Infantilizar o Comparar: No trate a sus hijos adultos como si fueran menores de edad, ni los compare desfavorablemente con hermanos, primos o amigos. Reconozca y respete su individualidad, su camino único y su autonomía como adultos.

  • Minimizar el Problema o las Emociones: Es crucial validar los sentimientos y experiencias de su hijo/a, incluso si usted no los comprende completamente o no está de acuerdo con ellos. Minimizar su dolor o las razones del distanciamiento puede invalidar su experiencia y cerrar las vías de comunicación.

  • Usar a los Hijos como Mensajeros o Armas: Nunca involucre a sus hijos en conflictos entre adultos. No les pida que tomen partido, guarden secretos o transmitan mensajes entre usted y otro familiar. Los asuntos de adultos deben ser manejados directamente por los adultos involucrados para proteger al hijo de la triangulación y las cargas emocionales.

Existe un fenómeno común en las dinámicas familiares, a menudo denominado "punto ciego parental", que puede obstaculizar gravemente la reconciliación. Este punto ciego se refiere a la tendencia de los padres a, a menudo con buenas intenciones, incurrir en comportamientos que sus hijos adultos perciben como dañinos, irrespetuosos o controladores. Las causas del distanciamiento, como el abuso, la negligencia, la sensación de no ser escuchado o la sobreprotección , se correlacionan directamente con los errores comunes que los padres cometen al intentar la reconexión. Por ejemplo, un hijo que se distanció por sentirse juzgado se alejará aún más si el padre persiste en la crítica.De manera similar, un hijo que buscó distancia debido a la sobreprotección parental se sentirá invadido por intentos de "arreglar su vida". Esto sugiere que muchos de los errores que los padres cometen son, de hecho, la continuación de los mismos patrones que contribuyeron al distanciamiento inicial. El proceso de reconciliación, por lo tanto, exige que los padres no solo adopten nuevas conductas positivas, sino que también identifiquen y dejen de lado activamente estos patrones arraigados y perjudiciales. Esto requiere una introspección significativa, la voluntad de reflexionar sobre su propia contribución al distanciamiento y el coraje de cambiar profundamente su enfoque, lo cual puede ser un desafío considerable dada la vergüenza asociada al distanciamiento.

 



















5. Gestionando Emociones y Expectativas Realistas

El camino hacia la reconciliación es, por naturaleza, una montaña rusa emocional. Es completamente normal experimentar una gama de sentimientos intensos, como frustración, tristeza, enojo, decepción o incluso culpa, durante este proceso. La capacidad de reconocer y validar estas propias emociones, en lugar de reprimirlas, es el primer paso crucial para gestionarlas de manera constructiva.

La paciencia es una virtud y una estrategia indispensable en este viaje. La reconciliación es un proceso gradual, no un evento único. No es lineal; puede haber avances y retrocesos, intentos fallidos y momentos de estancamiento. Es fundamental no esperar resultados inmediatos o una solución perfecta.El distanciamiento puede haber durado años, y la sanación requerirá un tiempo comparable de esfuerzo sostenido y paciencia.

Manejar las expectativas de forma realista es vital para evitar el agotamiento y la decepción. Es importante aceptar que la relación puede no volver a ser exactamente como era antes, y que esto es una parte natural del proceso de crecimiento y cambio.El enfoque debe estar en lo que se puede controlar: las propias reacciones, respuestas y esfuerzos. No se puede esperar que la otra persona cambie; el cambio debe empezar por uno mismo.

En este contexto, el perdón juega un papel liberador. Es crucial entender que el perdón es, ante todo, un proceso personal de liberar el resentimiento y la amargura que se lleva dentro. Este acto beneficia profundamente la propia salud mental, emocional y física, independientemente de si la reconciliación con el hijo ocurre o no.Perdonar no significa olvidar el daño o justificar el comportamiento pasado, sino liberarse de su carga emocional. Si bien el perdón mutuo puede ser un paso transformador hacia la reconstrucción de la confianza y la sanación de heridas, la posibilidad de reconciliación no siempre depende de uno mismo. Hay situaciones donde la reconciliación puede ser imposible o inapropiada, por ejemplo, si el hijo no está dispuesto a comunicarse o si la relación sigue siendo perjudicial.En estos casos, el perdón personal sigue siendo una vía hacia la paz interior.

El bienestar emocional del padre es un factor determinante en el éxito del proceso de reconciliación. Las emociones intensas y la frustración son inevitables. La capacidad del padre para autorregular sus propias emociones y reacciones impacta directamente el progreso de la relación. Un padre que puede gestionar su frustración , aceptar lo que está fuera de su control  y mantener expectativas realistas  estará mucho mejor equipado para responder de manera constructiva y empática, en lugar de reaccionar destructivamente. Esto implica que el trabajo personal del padre (incluyendo terapia, auto-reflexión y autocuidado consistente) no es un extra opcional, sino un componente integral para preparar y sostener cualquier esfuerzo de reconciliación significativo. La habilidad de "responder en lugar de reaccionar impulsivamente" es una habilidad crítica que influye directamente en la dinámica familiar. Por ello, el autocuidado es fundamental: priorizar el bienestar físico y mental, tomar descansos, buscar apoyo en amigos o profesionales, y no guardar rencores, son prácticas esenciales.

6. Cuándo Buscar Apoyo Profesional: La Terapia Familiar

Reconocer que algunas situaciones de distanciamiento familiar son demasiado complejas, dolorosas o profundamente arraigadas para ser navegadas sin ayuda externa es un signo de fortaleza y sabiduría. En estos casos, buscar apoyo profesional, como la terapia familiar o individual con un psicólogo, puede ser invaluable.

Los beneficios de la orientación profesional son múltiples:

  • Espacio Seguro y Mediación: Un terapeuta familiar proporciona un entorno neutral y seguro donde las conversaciones difíciles pueden tener lugar sin escalada de conflicto. Actúan como mediadores, ayudando a ambas partes a expresarse y a entenderse mutuamente.

  • Identificación de Problemas Subyacentes: Los profesionales pueden ayudar a identificar las causas profundas del distanciamiento, incluyendo patrones de comunicación disfuncionales, traumas pasados o agravios no resueltos, que quizás las partes no logran ver por sí mismas.

  • Desarrollo de Habilidades: Ofrecen herramientas y estrategias concretas para mejorar la comunicación, establecer límites saludables y gestionar emociones intensas de manera más efectiva.

  • Procesamiento Emocional: La terapia brinda un espacio para procesar el dolor, la frustración, el resentimiento y otras emociones complejas asociadas con el distanciamiento, facilitando el perdón y la sanación.

  • Cambio de Perspectiva: Ayudan a los padres a comprender su propio papel en la dinámica familiar y a realizar los cambios necesarios en su comportamiento y mentalidad, fomentando una relación más respetuosa y adulta con sus hijos.

Es particularmente recomendable buscar ayuda profesional en las siguientes situaciones:

  • Cuando la comunicación está completamente bloqueada o es consistentemente hostil y destructiva.

  • Cuando existen patrones de comportamiento abusivos o negligentes que son difíciles de abordar de forma independiente.

  • Cuando las emociones de una o ambas partes son abrumadoras y dificultan cualquier progreso (por ejemplo, ira crónica, depresión, ansiedad).

  • Cuando hay una dificultad persistente para perdonar heridas pasadas o para dejar ir el resentimiento.

  • Cuando los intentos previos de reconciliación han fracasado o han empeorado la situación.

 

Conclusión: Construyendo un Nuevo Capítulo de Conexión


El camino para reestablecer la comunicación con hijos adultos distanciados es, sin duda, un viaje arduo que exige paciencia, humildad y un compromiso inquebrantable con el crecimiento personal y la sanación. No es un proceso lineal ni inmediato, y estará marcado por desafíos y momentos de incertidumbre.

Sin embargo, los frutos de este esfuerzo pueden ser profundamente gratificantes. Al embarcarse en este camino, no se busca simplemente regresar a una relación "antigua" que pudo haber sido disfuncional, sino construir un nuevo capítulo de conexión, basado en el respeto mutuo, la comprensión, la empatía y la aceptación de la individualidad de cada uno.Este proceso permite sanar heridas emocionales, reconstruir la confianza y establecer un vínculo familiar más sólido y auténtico.

Cada pequeño paso, cada intento de comunicación consciente, cada acto de humildad y cada momento de escucha genuina, contribuyen a tender esos "puentes de corazón" que pueden unir nuevamente a la familia. La meta es fomentar relaciones más sanas y significativas, donde la paz y el bienestar emocional sean prioritarios. Aunque el resultado final no siempre sea el esperado, el viaje en sí mismo de autoconocimiento y esfuerzo por conectar es una inversión valiosa en la propia paz y en el legado familiar.

domingo, 20 de julio de 2008

Silencios: Descubre tus esencias

El silencio forma parte de la comunicación. Empleados de forma consciente o inconsciente, siempre transmiten algún sentimiento o estado de ánimo. La dificultad estriba en saber identificarlos y reconocer su significado.
Decía Martin Luther King que "Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos." Ese silencio es uno de los que se refería también Hemingway cuando decía aquello de que "Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar." Saber manejar los silencios es también algo muy importante en la vida. Cuando en nuestras relaciones personales entra el silencio es también muy indicativo para evaluar nuestra comunicación. A veces un silencio vale mas que mil palabras.
El ejemplo lo tenemos en la música: Podemos comprobar que la mejor forma de apreciar la música es desde el silencio, sin otros sonidos que distraigan nuestra atención. Pero el silencio, a menudo también es una especie de sonido: si la música es cortada de repente por un silencio, ese silencio será escuchado con toda claridad.
Nadie enciende una lámpara y logra ocultar su luz. Lo mismo sucede con la vida, no podemos ignorar lo evidente, por eso los silencios, a veces, responden a temas que forman parte de la vida pero intentamos negar.
Habla simplemente cuando sea necesario. Piensa lo que vas a decir antes de abrir la boca. Sé breve y preciso ya que cada vez que dejas salir una palabra por la boca, dejas salir al mismo tiempo una parte de tu chi. De esta manera aprenderás a desarrollar el arte de hablar sin perder energía. Nunca hagas promesas que no puedas cumplir. No te quejes y no utilices en tu vocabulario palabras que proyecten imágenes negativas porque se producirá alrededor de ti todo lo que has fabricado con tus palabras cargadas de negativismo.

Algunos consejos sobre los silencios.

Si no tienes nada bueno, verdadero y útil, es mejor quedarse callado y no decir nada. Aprende a ser como un espejo, escucha y refleja la comunicación de la persona que habla contigo. Si no tienes nada bueno, verdadero y útil, es mejor quedarse callado y no decir nada. Aprende a ser como un espejo, escucha y refleja la energía.

Hay quien piensa que hablar es en realidad pedir de forma encubierta. Así que las personas que hablan sin parar casi siempre están pidiendo cosas de cuya necesidad ni siquiera son conscientes o, quizá, ocultando lo que realmente les importa.

Si entraran por unos instantes en el silencio, si se escucharan a sí mismas, descubrirían lo que realmente desean. Pero entrar dentro de si exige la actitud de quien entra en una catedral, la sensación de contemplar una maravilla ante los misterios que encierra.

¡Silencio, se rueda!, se grita al iniciar el rodaje de una escena cinematográfica. Todo el mundo calla, contiene la respiración y se inicia la acción. ¡Silencio, se vive!, podríamos repetir cada día al levantarnos. Seguro que nos ayudaría a recordar que la vida es una gran obra de arte y que cada mañana recomenzamos el Gran Teatro del Mundo.

Aunque parezca una paradoja, el dialogo genuino exige más silencio que palabras, mucho tiempo para la comprensión, la reflexión y la empatía. De otro modo, las frases se cruzan y entrechocan como los floretes en la esgrima, ya que cuando se apagan las palabras se enciende el silencio como la hoguera que alimenta otros resplandores. ¿Quién no ha vivido esos momentos de comunicación mágica y callada ante una puesta de sol o las última brasas crepitantes de una chimenea?

Los silencios en la pareja

(Para ampliar la infiormación ver el capítulo de la comunicación en la pareja)

Los silencios que se producen en las conversaciones también tienen un sentido propio, pero son más difíciles de interpretar. La clave para entenderlos y evitar que perjudiquen la relación está en saber qué los ha provocado. Una vez descubierto su objetivo, será mucho más fácil saber cómo actuar.

Estrategia para llamar la atención
Los niños pequeños utilizan los lloros y las pataletas para lograr la atención de los padres. Los adultos, en cambio, emplean mecanismo más sutiles para conseguir lo que quieren y el silencio es uno de ellos.

Si sospecha que tu pareja se calla y emplea el silencio para que le hagas caso, planteate si existen razones que justifiquen su actitud. Si la respuesta es negativa, la estrategia a seguir es ignorar su comportamiento, mostrando indiferencia. De lo contrario, el silencio logrará el efecto que buscaba- molestar- y se habrá reforzado la idea de que es adecuado y eficaz.

Después de una pelea
Una persona que en una discusión se calla, lo hace como castigo hacia la persona que le ha causado la ofensa. Normalmente este tipo de reacciones han sido aprendidas en la infancia. Es habitual que los padres utilicen la estrategia del “ya no te hablo”, para castigar a los hijos. Sin embargo, se le debe hacer entender que en vez del silencio, hay otros modos más eficaces de afrontar los problemas.

Querer estar solo para reflexionar
Estos silencios pueden ser útiles si se utilizan para reflexionar, razonar o digerir una situación. Esta actitud debe ser respetada. No se debe atosigar con un interrogatorio. Se puede preguntar si el motivo del silencio es para pensar sobre algo y ver si ese algo le atañe, porque a veces, los pensamientos pueden jugar malas pasadas y, sin querer, se pueden sacar conclusiones erróneas imaginando lo que le puede suceder a la otra persona.

No es capaz de expresar sentimientos
Esta situación es más común en hombres que en mujeres. A las féminas se les enseña desde pequeñas a contar y expresar sus sentimientos a los demás; por el contrario, a los chicos se les anima a esconder sus emociones (de ahí, el tópico de que un hombre no debe llorar). Esta es una clave muy importante de la comunicación en la pareja.

Estas situaciones han de ser comprendidas, y aprender a entender los pensamientos callados; es difícil, no imposible. Además, es más eficaz intentar comprender la situación que exigir palabras.

Silencios como solución de conflictos
Si se emplean como medio para solucionar conflictos , donde la necesidad de hablar es imprescindible, estos sólo logran un distanciamiento entre las personas que los utilizan.

Los silencios así empleados han de evitarse si se desea mantener una buena relación. A veces ayudan a expulsar emociones, a llorar o pensar; pero usados frecuentemente en conflictos para evadirlos o ignorarlos, pueden enmudecer a la persona ante situaciones en las que debería hablar y afrontar.

Los silencios en la pareja como un síntoma de un problema han de abordarse escuchándose a uno/a mismo/a, reconociendo sus deseos y afrontando las cosas con nuestro corazón y con la inteligencia emocional suficiente como para que la situación no vaya esclerosándose con el paso del tiempo. Recuerda que el tiempo siempre es un aliado para que nos pasen cosas positivas y para cumplir nuestros deseos. Para ello tambien es importante la sinceridad, decir la verdad. (ver capítulo sobre sinceridad)

El silencio en la política
Es bastante infrecuente encontrar silencios en la política. Generalmente es en un ámbito de la vida donde el silencio tiende a olvidarse. Inlcuso cuando se maneja por parte de los líderes se interpreta como una ausencia o una uhida. En la democracia declarativa que nos hemos instalado los responsables políticos se han acostumbrado a esta dinámica y generalmente escuchan poco. Mejor dicho se escuchan mucho. Por eso es necesario recordar -y por eso lo incluimos en este blog- que tambien en la vida pública, y sus responsables han de aprender y ejercitar con mucha frecuencia el silencio y la escucha...

Querer imponer el silencio

Por otra parte hay quien quiere imponer los silencios desde la política, o desde la vida personal. Imponer el silencio, es impedir la libertad. es impedir, es obligar a las personas a dejar de ser el dueño de su comunicación. Estar sileciado es también una forma de morir. Por eso es tan importante que los silecios los elijas tú, no sean impuestos. Por eso es importante en ese caso poner palabras a los silencios. Tambien es necesario poner palabras a los que son silenciados, a los que ya no interesan...a los que los silencios acaban también matándolos. En la política, en estos casos, no dabe haber silencios.

Los mejores momentos con silencios
Las ideas más fructiferas, los grandes descubrimientos, las mejores obras literarias se han gestado desde un profundo silencio previo, desde esa cualidad del alma que hace avanzar lo más noble del corazón humano. La auténtica creatividad imita el avance silencioso de la naturaleza exenta de alborotos.

Claude Debussy definió la música como "el silencio de las notas", ya que desde el corazón del silencio todo es posible y verdadero. Quizá sea esta la cualidad de cualquier obra de arte: comunicar la esencia desde su mudez primigenia y universal, saltando por encima de los siglos y de las culturas. Pero el auténtico silencio requiere la paz de las emociones. Cuando el miedo o la cólera se apoderan del corazón, son como truenos que irrumpen en la calma del valle, o piedras arrojadas en la superficie tranquila de un lago. hemos de estar en paz con nosotros mismos para apreciar y gestionar el silencio.

Ese es el auténtico silencio que surge de dentro y que es un bien leve como los pasos del niño sobre la arena, sigilosos como el caer de la nieve, delicado como los gestos de la persona enamorada. Escucharlo de verdad es como escuchar el latido de nuestro corazón o nuestro propio aliento.

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martes, 8 de julio de 2008

Secretos

"Para guardar un secreto se necesita de dos. Para que todos se enteren, de tres..."" Eres dueño de tus silencios y esclavo de tus palabras". Son frases que expresan el cómo las personas vivimos los llamados "secretos". Recientemente la pelicula Mataharis hablaba de si se puede tener algún secreto. El trabajo detectivesco descubría que no. ¿Nadie puede tener secretos? pero ¿hasta dónde tenemos que compartir el ámbito privado?. Podemos entrar en los e-mails de nuestras parejas igual que antes se abrían las cartas con el vapor de la olla, pero ¿tenemos derecho a hacerlo? Dice Iciar Bollain, la Directora de la pelicula, en una entrevista que esto del espionaje se está volviendo de lo más cotidiano. Esa vigilancia te despersonaliza, te hace objeto. Vas perdiendo el control de tus actos y de tu intimidad. Y sin embargo muchas veces vivimos con alguien sin saber lo que piensa, lo que desea, sin conocernos. La pérdida de confianza, la incomunicación, el desamor se muestran por las miradas, los gestos y los silencios de los protagonistas. Buscamos los secretos de los demás, mientras dexonocemos muchas veces la vida y los sentimientos de los que tenemos más cerca. A veces estas personas descubren que hay mentiras propias que no han sabido ver y verdades que es mejor no revelar.

¿Que es el secreto? ¿Que podemos considerar como s
ecreto?

La palabra secreto deriva del latín secretus: “apartado, escondido, oculto”.
Traicionar un secreto es “dejar escapar, descubrir, revelar o divulgar”. Podemos ocasionalmente revelar un secreto “dejando caer” (alguna cosa). El término traición deriva del latín tradere: “entregar, rendir, dar”. Comparte una dimensión moral que entra en juego cuando oímos algo acerca de la traición intencional de los secretos: “chismorrear, cotillear, delatar, denunciar”. Está rodeado de expresiones como: “¡A mi no me lo cuentes!” o “No me vengas con chismorreos”.

Como en todos nuestros comportamientos hay también un lenguaje no verbal que rodea al secreto. A veces la promesa que nos piden que hagamos para guardar un secreto se plantea de forma muy sutil. Incluso no hace falta una promesa explícita. Ciertas costumbres sociales tienen un efecto similar. La frase "sub rosa" (bajo la rosa) significa “en secreto”. La rosa era símbolo de secreto en el mundo antiguo. Por ejemplo, Cupido sobornó a Harpócrates, el dios del silencio, con una rosa, para que no descubriera los amores de Venus.

La traición de los secretos confiados es algo detestable que habla de una persona inmadura. En una amistad, lo más terrible que puede suceder es la traición de cosas que son verdaderamente personales, confidenciales y secretas. De forma similar, el cotilleo puede ser una forma de decir (traicionar) y construir (distorsionar) secretos.

Los enigmas, los rompecabezas, las adivinanzas, los misterios, están todos ellos asociados con el fenómeno del secreto. Los cuentos populares, leyendas y mitos abundan en historias de secretos.

Guardar y compartir secretos son experiencias humanas únicas
Son muchos los ejemplos que podemos poner de secretos. Las acciones clandestinas, buscar un escondrijo, taparse los ojos, enmascarar una intención, ocultar una decepción, disimular una emoción, guardar un tesoro; todas estas expresiones, de una u otra manera describen el secreto. Siempre que hay por medio un secreto, parece que existe una referencia a algo escondido, a ocultar algo. Y pueden acarrear emociones, sentimientos, significados y valores muy diferentes. Tener, guardar, descubrir o confesar un secreto no nos lleva a pensar que un secreto es simplemente cualquier “cosa”. En concreto, el secreto constituye una experiencia de relación entre las personas. Podemos distinguir tres formas de vivir el secreto: el secreto existencial, el secreto comunicativo y el secreto personal.
  • Secreto existencial: me siento junto a la cama de mi hijo/a y charlamos. Comparto esos momentos únicos con la persona que quiero. Son esos momentos en los que, con más o menos frecuencia, se establece una unión que es totalmente única. Es posible que no se sienta este grado de intensidad en la intimidad con ninguna otra persona. Soy consciente de mi complicidad con el/ella. Siento que los conozco. Es algo sublime, compartir algo con alguien que sabes que no comparte con nadie mas que contigo.

Pero a veces una experiencia perturbadora puede destruir este sentimiento de conocer. De repente me recorre un estremecimiento de asombro, una extraña sensación de misterio me domina; cómo este ser humano al que conozco tan bien y del que me siento más cerca que de nadie, está sin embargo tan radicalmente separado de mí. ¿Cómo es posible que este niño, mi propio hijo, suponga para mí un secreto mayor que cualquier otra persona con la que me he encontrado? ¿como es posible que mi parezca se comporte a veces como un/a extraño/a?

Por supuesto, toda persona es, en este sentido, un secreto para nosotros. Jamás dos personas pueden estar completamente abiertas la una a la otra. Tampoco es aconsejable. Forma parte de las relaciones humanas el que al otro se le perciba, en último extremo, como un misterio, como un secreto existencial que nunca se puede revelar o desvelar totalmente.

  • Secreto comunicativo: este secreto es característico no sólo de nuestra experiencia de los niños. Muchos adultos, también, en virtud de algunos rasgos, son incapaces de comunicar todos sus pensamientos o sentimientos, incluso aunque deseen hacerlo. Lo hemos visto antes en este blog y les hemos llamado analfabetos emocionales. Tanto si nos gusta como si no, hay un límite en lo que somos capaces de compartir con los demás. La persona que conversa con nosotros y nos expresa ciertas ideas, es posible que no intente tener secretos. Y aún así sentimos que hay límites “naturales” para la comprensión interpersonal, y estos límites se pueden sentir en cierto modo como si se guardaran secretos. Si no comprendo a alguien, puedo sentir que esa persona es un secreto para mí, un secreto que me gustaría desvelar pero que en cierto modo permanece cerrado a mis poderes de interpretación.
  • Secreto personal: Existe el hecho de que a veces decidimos no compartir ciertos pensamientos con los demás. Es el caso normal de guardar secretos personales y tienen consecuencias para las relaciones personales. Éstas tienden a ser menos abierta, menos íntima, menos espontánea. Pensar en un secreto es pensar en personas a las que estamos ocultando algo. Éstos se ocultan a personas que nos importan: padres, hermano, hermana, amigo etc… La imposibilidad de guardar un secreto puede tener que ver con la ansiedad de separación de esos seres queridos. Para un niño pequeño, ocultar un secreto a su padre puede suponer: por una parte, ser consciente de lo estrechamente que está ligado a esa persona y por otra parte flexibiliza y relaja la relación. Por ejemplo una niña siente las normas paternales como irracionales y fuertemente opresivas. Su escondite de los tebeos constituye, un gesto de desafío y de independencia. Al construir este mundo secreto, la niña hace varias cosas: está cuestionando la validez de las órdenes “absolutas” de su padre, aflojando así una relación fuertemente sentida hacia él, confirma un sentimiento de identidad personal y parece estar poniendo a prueba las consecuencias de violar la prohibición paterna; por supuesto que de niño una nunca sabe si, después de todo, puede haber o no un daño inesperado por hacer lo prohibido. Para un adulto está claro que se miden las consecuencias en las relaciones personales y se teme la pérdida o el conflicto en las relaciones personales ante los llamados secretos.
  • Secreto profesional: Es aquel que se obtiene en base a una confidencia profesional bajo el juramento implicito de respetar la intimidad y que está ligado al ejecicio de una profesión : Médico, Psicólogos, Abogados...
¿Sabemos guardar un secreto?
Hay secretos agradables, secretos profundos, secretos íntimos, secretos sociales; pero hay también secretos terribles, vergonzosos, tremendos, espantosos, repugnantes. Percibimos deseos secretos, placeres secretos, temores secretos, obsesiones secretas.

Pero lo que estos secretos oscuros y patológicos tienen en común con aquellos que son agradables o más benignos, es que los secretos del pasado pueden tener sus efectos en el presente. Las buenas obras y las malas de una generación viven frecuentemente en generaciones sucesivas. Es más, una actitud con tendencia al secretismo o a la interioridad por parte de los padres no es raro que pase a sus hijos como un rasgo de carácter. La pregunta clásica, ¿somos capaces de guardar un secreto?, tiene muchas posibilidades: nos hace conscientes del hecho evidente de que muchas personas lo pasan muy mal guardando secretos; nos invita a convertirnos en confidentes, en amigos de confianza. Compartir con alguien un secreto puede implicar muchas consecuencias sutiles para la relación que tenemos con esa persona.

Pero, qué pasaría si a la pregunta contestamos: no, lo siento, lo paso fatal si tengo que guardar secretos. ¿Qué significa, estamos admitiendo que no hemos crecido lo suficiente para ser capaces de guardar un secreto?. Quizás creemos que podemos vernos moralmente comprometidos.

Yo creo y comparto este pensamiento con muchos colegas que el guardar secretos, “con un significado positivo o negativo”, es uno de los logros más importantes de los seres humanos. El secreto produce un ensanchamiento de la propia vida, ofrece la realidad de una experiencia de la vida humana mucho más compleja. Una vez que las personas son capaces de guardar secretos, comienzan a vivir en dos mundos. Y este segundo mundo influye profundamente sobre la realidad primaria, dicha influencia tiene un peso moral en las relaciones íntimas y de amistad.

Hay muchos profesionales que opinan que no poder tener secretos significa perder el control acerca de cómo los demás nos miran.

Se guardan secretos por determinados motivos. Los modernos medios de comunicación y los valores democráticos han creado un espacio público cada vez más abierto y revelador. Algunos de los poderes: empresariales, médicos, financieros, militares y religiosos siguen la pista de todo lo que hacemos y dejamos de hacer en nuestra vida personal y pública. La posibilidad de que algún otro tenga acceso a nuestros secretos nos coloca en situación de inferioridad en nuestras relaciones personales.

Además de crear realidades ocultas, además de las dimensiones morales; el secreto juega un papel en la función educativa o pedagógica del crecimiento personal de los niños y adultos. Cuando el niño aprende que los pensamientos y las ideas se pueden guardar dentro y no son accesibles a los demás, entonces se da cuenta de que hay un cierto tipo de demarcación entre su mundo: lo que es “interior” y lo que es “externo”. Es lo que se ha dado en llamar “formación de los límites del yo”.

Incapaces de guardar secretos
Son las personas incapaces de callarse a tiempo, que , además, pueden ocasionar graves perjuicios a sus confidentes, aunque, a veces, no sean conscientes de ello. ¿Impulsividad, falta de ética o tendencia a sentirse poderoso con las confidencias ajenas? Esa dificultad para guardar secretos reside una sensación muy positiva, asociada a saber disponer de una información privilegiada. Tener una información que solo uno conoce nos transforma en un ser deseable en la esfera social, y nos hace creer que al contar algo que nadie sabe, se nos considerará más importantes. Es tambien estar dando las claves de que no puedes confiar nada en quien te hace la confidencia.
De hecho, sostenemos la atención de quienes nos escuchan mientras desvelamos el secreto. Pero esa atención es efímera y débil comparada con el gran daño que podemos causar y con el sentimiento de culpa que puede sobrevenir después por haber aireado una información secreta. Sin embargo, los efectos a corto plazo priman sobre los demás. Es igual a cuando nos dicen: "No pienses en un prisma blanco". Lo primero que se nos aparece es esa imagen. Cuando tenemos una información en nuestro poder que sabemos que es especial y que no se puede sacar a la luz, la archivamos en un lugar del cerebro al que se accede con facilidad. No podemos remediar la tentación de pensar en ello y se puede acabar corriendo el velo, justamente porque se nos ha remarcado que era elemental ocultarlo.
Revelar un secreto como venganza
Dice el refrán que "la venganza es un plato que se sirve frío", pero hay algunas personas que cegadas por el odio, el rencor o el dolor, buscarán a toda costa devolver ese daño. "¿Y cuál es la mejor forma de hacerlo? Desprestigiando a alguien, llegar a contar sus secretos como modo de reparar nuestra herida, aunque todo dependerá de la personalidad que se tenga. Luego, con el tiempo la culpabilidad inunda esa revelación y llega el arrepentimiento que ya llega tarde. No es extraño ver casos de mujeres y hombres, que ante la venganza de un engaño o una infidelidad de su pareja lo desprestigian ante sus amigos o personas allegadas contando un secreto íntimo que lo ridiculiza o que hace "caer" su imagen ante los demás. También los rasgos del carácter de cada uno influyen: Un introvertido es probable que guarde los secretos, aunque esté muy dolido y molesto, porque su forma de ser se lo impone. En cambio, si es extrovertido y confiado, debería diferenciar entre sus amigos íntimos, circunstanciales y compañeros de trabajo y frenar su locuacidad, según con quien se encuentre.






domingo, 20 de enero de 2008

Decir la verdad: la sinceridad

Decía Ghandi que "La verdad nunca daña una causa que es justa"

Hemos visto ya lo que significa la mentira en el ser humano. le hemos dedicado un capitulo de este blog a las mentiras que podéis consultar (pinchar aquí en mentiras) Ahora vamos a abordar la verdad, lo contratio que la mentira, su antítesis, su significado... Decíamos que "La mentira es una forma de eludir la realidad y por tanto la responsabilidad que tendría el afrontar la verdad de alguna cosa. Muchos trastornos psicológicos llevan asociada la mentira como forma de evitación de circunstancias". La expresión máxima de ella seria la mitomanía: aquellos que inventan una realidad totalmente ficticia, que representan a su propio personaje y mienten para mantenerlo.

Para ser sinceros debemos procurar decir siempre la verdad, esto que parece tan sencillo, a veces es lo que más cuesta trabajo. Utilizamos las "mentiras piadosas" en circunstancias que calificamos como de baja importancia, donde no pasa nada: como el decir que estamos avanzados en el trabajo, cuando aún no hemos comenzado, por la suposición de que es fácil y en cualquier momento podemos estar al corriente. Obviamente, una pequeña mentira, llevará a otra más grande y así sucesivamente... hasta que nos sorprenden y corremos el riesgo de perder la credibilidad.

Al inventar defectos o hacerlos más grandes
en una persona, ocultamos el enojo o la envidia que tenemos. Con aires de ser "franco" o "sincero", decimos con facilidad los errores que comenten los demás, mostrando lo ineptos o limitados que son.

No todo esta en la palabra, también se puede ver la Sinceridad en nuestras actitudes. Cuando aparentamos lo que no somos, (normalmente es según el propósito que se persiga: trabajo, amistad, negocios, círculo social...), se tiene la tendencia a mostrar una personalidad ficticia: inteligentes, simpáticos, educados, de buenas costumbres... En este momento viene a n
uestra mente el viejo refrán que dice: "dime de que presumes... y te diré de que careces"; gran desilusión causa el descubrir a la persona como era en la realidad, alguna vez hemos dicho o escuchado: "no era como yo pensaba", "creí que era diferente", "si fuese sincero, otra cosa sería"...
Cabe enfatizar que "decir" la verdad es una parte de la Sinceridad, pero también "actuar" conforme a la verdad, es requisito indispensable.

El mostrarnos "como somos en la realidad", nos ha
ce congruentes entre lo que decimos, hacemos y pensamos, esto se logra con el conocimiento y la aceptación de nuestras cualidades y limitaciones,

En ocasiones faltamos a la Sinceridad por descuido, utilizando las típicas frases "creo que quiso decir esto...", "me pareció que con
su actitud lo que realmente pensaba era que ..." ; tal vez y con buena intención, opinamos sobre una persona o un acontecimiento sin conocer los hechos. Ser sincero, exige responsabilidad en lo que decimos, evitando dar rienda suelta a la imaginación o haciendo suposiciones.

Para ser sincero también se requiere "tacto", esto no significa encubrir la verdad o ser vagos al decir las cosas. Cuando debemos decirle a una persona algo que particularmente puede incomodarla (pensemos en cosas como: su modo de vestir, mejorar su lenguaje, el trato con los demás o la manera de hacer y terminar mejor su trabajo), primeramente debemos ser conscientes que el propósito es "ayudar" o lo que es lo mismo, no hacerlo por disgusto,
enojo o porque "nos cae mal"; enseguida encontrar el momento y lugar oportunos, esto último garantiza que la persona nos escuchará y descubrirá nuestra buena intención de ayudarle a mejorar.

En algún momento la Sinceridad requiere valor, nunca se justificará el dejar de decir las cosas para no perder una amistad o el buen concepto que se tiene de nuestra persona. Si por ejemplo, es evidente que un amigo trata mal a su esposa o a sus empleados, tenemos la oblig
ación de decírselo, señalando las faltas en las que incurre y el daño que provoca, no solamente a las personas, sino a la buena convivencia que debe haber.

La persona sincera dice la verdad siempre, en todo momento, aunque le cueste, sin temor al qué dirán. Vernos sorprendidos en la mentira es más vergonzoso.

Al ser sinceros aseguramos la amistad, somos honestos con los demás y con nosotros mismos, convirtiéndonos en personas dignas de confianza por la veracidad que hay en nuestra conducta y nuestras palabras. A medida que pasa el tiempo, esta norma se debe convertir en una forma de vida, una manera de ser confiables en todo lugar y circunstancia.


La sinceridad es la virtud de la franqueza, es el amor y el respeto por lo veraz. La persona sincera actúa siempre de buena fe y mantiene una coherencia entre sus palabras y sus actos. Es contrario a la mentira, a la duplicidad y a la hipocresía. Hay ocasiones en las que no nos gusta lo que oímos del amigo sincero, pero si tienes la suerte de contar con una amistad así, cuídala, es una joya. Aunque a veces se equivoque, nos haga daño y parezca injusto, porque, obviamente, la sinceridad excluye la mentira no el error. Puedes cometer tambien un error no siendo sincero...luego pensarlo bien...y afrontarlo con honestidad y sinceridad, sacando las causas que te llevaron ano decir en primera instancia la verdad, a cometer el error.

La sinceridad en la pareja
El mundo de la pareja y la sinceridad es otro ámbito donde también hay muchas teorías y preferencias. Casi siempre los estudios parecen coincidir en que la comunicación sincera en la pareja es fundamental. La sinceridad, la lealtad y la honestidad son valores que hombre y mujer reclaman en las relaciones de pareja como un pilar fundamental de las mismas. Incluso hasta la mayor fluidez en la comunicación de la pareja no servirá para nada si no hay sinceridad. Un principio irrenunciable para la pareja: la sinceridad. Cuando falta provoca negatividad, desconfianza, recelo, falta de comunicación y en muchos casos ruptura o problemas mayores de diversa índole. La falta de sinceridad es, de hecho, una falta de respeto a la persona. Y cuando en la pareja falla el respeto la evolución del problema puede adquirir dimensiones realmente preocupantes, hasta el punto de distorsionar el propio concepto de pareja. Una relación sin confianza mutua no va a ninguna parte. No una confianza ciega sino racional. Si no tenemos motivos reales o probados para desconfiar, agobiar a nuestra pareja con nuestros miedos o inseguridades la apartará de nosotros. La falta de confianza enrarece las relaciones y hace difícil la convivencia.
El que es objeto de sospecha o acoso (ver capítulo de celos) suele acabar desenamorán
dose porque la actitud de su pareja le impide disfrutar de las cosas más simples; para no crear situaciones incómodas acaba renunciando a muchas cosas. Pero la persona que desconfía también sufre mucho y puede pasar fácilmente del amor a la obsesión. La solución a este problema pasa por la comunicación.
Reproduzco a continuación la reflexión de una persona que me ha hecho llegar sus reflexiones al respecto a través del Blog: "...ha de existir en todo este ámbito de la pareja la vida privada de ella, la vida privada de él y la vida en común. Al principio, cuando esta en el climax la pasión y el enamoramiento, uno desea compartir todo con el otro, pero ésto no funciona a partir de un momento dado, y es necesario saber que debe existir una parcela privada que puede o bien ser compartida o no a la hora de hablar sobre ella de una manera profunda y sincera. Siempre y cuando se vaya a obtener comprensión absoluta, se puede compartir, pero ésto es bien difícil, ya que cada persona es un ser humano diferente y la comprensión absoluta dificilmente se obtiene. Desde muchos puntos de vista "es aquello que no hace sufrir al otro", que es lo que pasa cuando no se puede obtener comprensión. Otra cosa es abusar de ésto y convertir la vida en común en una omisión contínua de pensamientos, sentimientos y hechos. El término medio es difícil de obtener, pero con la mano en el corazón y teniendo en cuenta la personalidad y manera de ser del otro, se pueden llegar a muy bueno acuerdos sobre el respeto en las parcelas privadas del otro. Hablar sobre crudas realidades, pensando que la persona es sincera a veces puede ser producto de una agresividad de fondo contra el otro, hay verdades difíciles de asumir y que provocan mucho dolor, habla
r sobre ellas despreocupadamente pensando que una es muy sincera a veces puede ser el desencadenante de un desencuentro que deja una herida y que puede marcar un antes y un después en la relación de pareja".
Es una reflexión práctica y empírica sobre como mantener la sinceridad sin herir al otr
o. Esta regla que adopta una persona puede no ser la regla de la sinceridad en la pareja. Como se dice habitualmente cada pareja es un mundo. la regla de oro es el pacto de comunicación y de sinceridad que de forma explícita se ha de llegar entre los dos miembros. A veces temas como un gasto extra, el que un compañero/a de trabajo se haya insinuado, un problema con un hijo , se esconden de manera absurda ...ya que podrían ser compartidos perfectamente. El esconderlo refleja muchas veces un problema más serio de comunicación que habrá de tratarse por un profesional especializado.
No obstante hay quien habla del término "sincericídio" como la persona que lleva hasta el extremo la sinceridad y su sinceridad le vale la muerte de su pareja.


Decir la verdad no significa que haya que decirlo todo. Hay que decir lo que se piensa pensando lo que se dice. La sinceridad no es salvajismo cruel que espeta la verdad, ni exhibicionismo impúdico, ni imprudencia. Todos tenemos derecho a callar, conviene no olvidar que cada persona es esclava de sus palabras y dueña de sus silencios. Hay ocasiones en las que se debe callar la verdad, así es cuando ésta lo único que puede acarrear es dolor y sufrimiento injusto o inútil a otra persona. Incluso pueden darse situaciones en las que uno no sólo tenga que callar y ocultar la verdad, sino mentir. A veces la mentira es el mal menor que hay que elegir. La sinceridad, la fidelidad a lo verdadero no es un absoluto. Ninguna virtud es absoluta. Por eso, ser fiel a lo verdadero no puede disculparnos de ser infiel a la compasión y al amor, a la amistad verdadera.

A veces se habla de las mentiras piadosas, y de los que piensan que decir la verdad no es una regla insalvable. Son los que piensan que a veces es mejor mentir. El problema es donde poner el límite. Y entrando por la puerta de la mentira piadosa se llega a la habitación de la desconfianza. Pero también tenemos el otro extremo, las personas que prefieren la tranquilidad de su conciencia antes que evitar el sufrimiento del prójimo. Hay personas tan amantes de la verdad que tienen seco el corazón, son fanáticos de la verdad y no la supeditan ni a la compasión ni a la solidaridad. Seguro que alguna vez hemos tenido ocasión de atender a algunas personas moribundas, que piden la verdad a la que tenían derecho y hay que dársela por obligación; pero también hemos conocido a personas ya moribundas incluso que no querían saberla y que con los ojos nos piden que callemos o mintamos y así hemos de hacerlo (a mi entender) por compasión.

Mentir o decir la verdad a un paciente ¿Qué es mejor?


La visión tradicional de la medicina occidental indica que los médicos, al comunicarse con sus enfermos, deben apegarse a la verdad. Se considera que decir la verdad es obligación moral y biomédica fundamental. En cambio, en China, donde la familia es un núcleo social fuerte que suele proteger al individuo, la ética médica sostiene que los doctores tienen el deber de esconder la verdad, e incluso de mentir cuando sea necesario con tal de beneficiar al paciente y a la familia encargada del afectado.

Esa visión presupone que la parentela tiene el deber de cuidar a sus miembros cuando enferman porque las cargas, los dolores y las responsabilidades deben compartirse. En nuestra sociedad, la sabiduría del médico radica en encontrar la fórmula adecuada para cada paciente, tarea, por cierto, harto compleja.

Ambas posturas, la occidental y la china, son contradictorias. El primero, el occidental, y que se lleva a cabo sólo en las sociedades donde los médicos respetan "el valor" del enfermo como persona, afirma que los individuos son seres autónomos que tienen derecho a saber todo lo que acontece con su cuerpo. Dicha autonomía permite al doliente, en conjunto con su doctor y allegados, decidir que es lo que más le conviene. En esa situación, mentir implica no respetar la autonomía del enfermo.

En el segundo panorama -el sustentado por la moral confucionista- los galenos tienen obligación de "dosificar" la información e incluso de mentir cuando determinados datos podrían acelerar la enfermedad del afectado y precipitar la muerte, el suicidio, el aislamiento o deteriorar las relaciones familiares. Aunque ambos escenarios son veraces, plantean esquemas de conducta antagónicos, no sólo porque cada familia y cada enfermo son diferentes, sino porque los médicos también difieren entre sí.

En el papel y en el complicado mundo de la lógica occidental, la idea de decir la verdad parecería ser la correcta: los médicos deben ser veraces porque son honestos y porque los enfermos tienen derecho a saber todo lo que les sucede. Sin embargo, en "el otro papel", el de la realidad modificada por la enfermedad, las cosas son distintas: no todos los pacientes quieren saber qué es lo que les sucede, no todos tienen la capacidad de manejar esa información y no todos los galenos la transmiten adecuadamente ni abren las puertas para disipar las dudas que surjan en el futuro. El dilema es inmenso e interesante. El arte radica en saber qué es lo que cada paciente quiere conocer.

En más de una ocasión se escucha en la Facultad de Medicina la siguiente analogía de Platón: "El engaño debe ser entendido como una especie de medicina peligrosa, pero, en ocasiones, útil". De hecho, el mismo Platón consideraba que las únicas personas que tenían derecho a mentir eran los galenos, ya que ese acto podría considerarse una forma de tratamiento.

La idea previa toma cuerpo en la visión confucionista de la medicina, donde el galeno discute con la familia el diagnóstico y el pronóstico del paciente antes de hablar con el afectado. Si los seres cercanos lo consideran pertinente el médico tiene obligación de mentir al afectado, siempre y cuando este acto no sea en deterioro del interesado y la familia asuma el papel protector que le corresponde.

En nuestro medio, la enseñanza china se reproduce parcialmente en las clases socialmente desprotegidas. Es frecuente que los familiares de los pacientes, sobre todo cuando el diagnóstico es cáncer o enfermedades "graves", soliciten que no se transmita la información al interesado, pues suelen estar convencidos que será en deterioro de su ser querido. En otras sociedades, como la estadounidense, el peso de la enfermedad lo lleva el enfermo y "un mínimo" de allegados.

¿Se debe decir la verdad a un niño adoptado?

Los padres de un niño adoptado se preguntan si deben decir al niño que él o ella es adoptado y cómo y cuándo deben de hacerlo. Ellos también desean saber si existen problemas especiales para su hijo.
Los psiquiatras de niños y adolescentes recomiendan que sean los padres los que le informen al niño acerca de la adopción. Muchos expertos opinan que se le debe de informar al niño cuando es pequeño. Este enfoque le da al niño, a una edad temprana, la oportunidad de poder aceptar la idea e integrarse al concepto de haber sido "adoptado". Otros expertos creen que el hacerle esta revelación al niño a una edad muy temprana puede confundirlo, ya que éste no puede entender el evento. Estos expertos recomiendan que se espere hasta que el niño sea mayor.

La adopción no es mala ni tampoco vergonzosa

En ambos casos, los niños deben de enterarse de su adopción de boca de sus padres adoptivos. Esto ayuda a que el mensaje de la adopción sea positivo y permite que el niño confíe en sus padres. Si el niño se entera de la adopción, intencional o accidentalmente, de boca de otra persona que no sea uno de sus padres, el niño puede sentir ira y desconfianza hacia sus padres, y puede ver la adopción como mala o vergonzosa, ya que se mantuvo en secreto.

Los niños adoptados querrán hablar acerca de su adopción y los padres deben de estimular este proceso. En las librerías hay excelentes libros de cuentos que pueden ayudar a los padres a explicarle al niño acerca de su adopción.

Reacción del hijo adoptado delante de la verdad

Los niños reaccionan de manera diferente al enterarse de que son adoptados. Sus emociones y reacciones dependen de su edad y de su nivel de madurez. El niño puede negarse a aceptar que fue adoptado y puede crear fantasías acerca de la adopción. Frecuentemente, los niños adoptados se apegan a la creencia de que los dieron porque eran malos o pueden creer que fueron secuestrados. Si los padres hablan con franqueza acerca de la adopción y la presentan de manera positiva, es menos probable que se desarrollen estas preocupaciones.

Todos los adolescentes pasan por una etapa de lucha por su identidad, preguntándose a sí mismos cómo ellos encajan con su familia, con sus compañeros y con el resto del mundo. Es razonable que el adolescente adoptado tenga un marcado interés en sus padres naturales durante esta etapa. Esta curiosidad expresada es común y no quiere decir que él o ella esté rechazando a los padres adoptivos. Algunos adolescentes pueden desear conocer la identidad de sus padres naturales. Los padres adoptivos pueden responderle al adolescente dejándole saber que es correcto y natural tener ese deseo. A los adolescentes que preguntan generalmente se les debe dar, con tacto y mediante una conversación dándole apoyo, la información sobre su familia natural.

Como decir la verdad: Una leyenda que nos enseña...

Una sabia y conocida anécdota árabe dice que en una ocasión, un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó a llamar a un Adivino para que interpretase su sueño.

Que desgracia Mi Señor! - exclamó el Adivino - Cada diente caído representa la pérdiida de un pariente de Vuestra Majestad.

- Que insolencia! - gritó el Sultán enfurecido - Como te atreves a decirme Semejante cosa? Fuera de aquí !!!

Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.

Mas tarde ordenó que le trajesen a otro Adivino y le contó lo que había soñado.

Éste, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:

Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes.

Iluminóse el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó le dieran cien monedas de oro

Cuando éste salía del palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:

- No es posible!, la interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer Adivino. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.

Recuerda bien amigo mío - respondió el segundo Adivino - que todo depende de la forma en el decir, uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender el arte de comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, mas la forma como debe ser comunicada es lo que provoca en algunos casos, grandes problemas.

La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura ciertamente será aceptada con agrado.

Cuanta sabiduría hay en este mensaje, espero nos ayude a ser mejores comunicadores y poder expresarnos sin comprometer nuestra integridad, pero cuidando que nuestras palabras no dañen a los demás

¿Como educar a un/a niño/a a decir la verdad?

Veamos el siguiente vídeo educativo para los padres y madres donde podemos ver una explicación bastante útil para los progenitores.


Cual es su punto de vista sobre decir la verdad? es sincero? Que problemas le ha proviocado mentir? Y la sinceridad? Déjenos su comentario en el blog....ayudará a más gente.

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